jueves, 13 de enero de 2011

Hablando de Tarot



   Hay muchos mitos y lugares comunes relacionados con el Tarot, y quizás el más importante sea la creencia de que se trata de un arte adivinatoria... Nada de eso.
   Suponer que adivinamos el futuro equivaldría a pensar que "todo está escrito", o que poco o nada podemos hacer en libertad, porque estaríamos completamente condicionados por una suerte de destino insoslayable, que las cartas pueden adivinar infaliblemente. 
   Por el contrario, nuestra misma esencia consiste en la libertad. Vamos creando el destino minuto a minuto y paso por paso. Somos el fruto de nuestras decisiones anteriores y estamos creando ahora los perfiles de aquello que será. Por efecto de la interrelación con todas las cosas, nuestro mismo entorno y nuestras circunstancias son asimismo fruto de una creación personal (como repite constantemente mi amiga María, "Siempre se trata de uno mismo").
   ¿Tiene, entonces, algún tipo de valor el tarot? La respuesta es sí; pero se trata de un valor que radica fundamentalmente en otro tiempo, que no es el futuro, sino el presente. Ante todo, las mancias tienen la posibilidad, a través de los símbolos arquetípicos que se utilizan, de analizar profundamente el aquí y ahora, con una perspectiva abarcadora y neutral, relacionándolo, además, con el pasado inmediato. De esta manera se logra descubrir una serie de "esquemas" o "patrones" que sirven a modo de diagnóstico, y son los que hacen posible una predicción a futuro, porque se trata de dinámicas que habrán de tener un desarrollo y una secuencia lógicos.
   Hasta aquí no parece que la interpretación del tarot sea una tarea extraordinaria (al menos, desde el punto de vista "hermético" o "mágico"), sino más bien el fruto de conclusiones simples, que cualquier hijo de vecino podría extraer de la charla con alguien más, a condición, simplemente, de poner en juego un mínimo de sentido común... y sin embargo, la cosa tiene su complejidad.
   La observación y el sentido común son herramientas escenciales de todo tarotista, pero están lejos de ser las únicas. A diferencia de aquellas disciplinas que necesitan observar directamente al consultante para generar un diagnóstico, las mancias son capaces de describir personas y situaciones aún a distancia, y pueden llegar a hacerlo con suma agudeza; y ésto gracias a la incorporación del medio principal del que se vale el intérprete: su intuición.
   A partir de este punto, se suceden cosas que no pueden explicarse desde la lógica tradicional. La disposición azarosa y aleatoria de distintas figuras sobre una mesa brinda realmente una información eficaz y comprobable, pero es éste un hecho que aún no ha logrado medirse y conocerse en profundidad por parte de la ciencia. Por cierto, existen un sinnúmero de intentos de explicación diferentes, pero en todos los casos se trata de especulaciones, más que de certezas.
   Tal vez uno de los valores más destacables del tarot (como de cualquier otra mancia) radique, precisamente, en esta limitación, que no es tal. Confiar en informaciones que no provienen de una vía tradicional abre al consultante a la posibilidad de tener en cuenta su intuición, de escuchar aquellas voces interiores que nuestra formación rigurosa, mental y cientificista nos ha llevado históricamente a desestimar, y que, sin embargo, en la vida cotidiana posee tanta importancia.
   Con todo, si se trata de encontrar una virtud que se destaque por encima de todas las demás, esa es la visión objetiva de nuestras situaciones y problemas, que tiene la virtud de sugerir nuevas maneras de comprender y observar las dinámicas que están en marcha en el devenir cotidiano, y muchas veces, mostrar con claridad ciertas relaciones causa - efecto que no aparecen tan evidentes a simple vista.
   Cuando nos topamos con una información que tiene toda la apariencia de una adivinación, se trata siempre, o de procesos que están en marcha en la actualidad y llevan a un resultado poco esperado, o de efectos de causas (acciones) que hemos grabado con anterioridad, y que están ya lo suficientemente maduras como para manifestarse en concreciones. En éste último caso, de hecho se revelan cosas que no tienen, en el presente estricto, ningún indicio de que puedan sucederse. Así, por ejemplo, podemos pre-ver la aparición en la vida de un gran amor, o la ocurrencia de un acontecimiento inesperado, y describir las condiciones generales en las que estas experiencias habrán de desarrollarse.
   Esto no significa de ninguna manera que el destino sea rígido o inevitable. La consulta puede revelar la aparición de un amor, dado el caso; pero la desición de elegirlo o dejarlo pasar es siempre estrictamente personal. Nada (absolutamente nada) nos retacea el libre albedrío.
   Usemos, entonces, el tarot como un diagnóstico, como una ayuda para hacer una composición de lugar, saber en que posiciones se encuentran nuestros interlocutores, conocer las cosas que pueden facilitar o entorpecer un proyecto, o las herramientas concretas que están en nuestras manos para facilitar una situación; pero de ninguna manera permitamos que todo eso nos condicione. Tengamos siempre presente que cada acción, por pequeña que sea e incluso cada pensamiento que elegimos sostener están dando forma, en este mismo momento, a lo que habrá de presentarse después.
   Podemos (y debemos) intentar estrategias que tuerzan el curso de cualquier información que hayamos escuchado. Podemos y debemos ser los artífices únicos de nuestras vidas.
 




No hay comentarios:

Publicar un comentario