miércoles, 12 de enero de 2011

Exploradores de la Vida



   Ayer una amiga sugirió una idea muy interesante: ya no tenemos que pensar en términos de sanación, aprendizaje o cosas por el estilo, sino que en realidad todo se trata de que nos vamos descubriendo.
   Me gusta la imagen de ser un explorador de la propia intimidad, de la propia vida; ésto de explorar y descubrir a todos esos "Josés" que están pugnando por manifestarse... He sido, a lo largo de la milenaria historia de mi alma, todos ellos, y por lo tanto cada uno sigue estando aquí, al alcance de la mano.
   Sucede que nacemos, y de pronto tropezamos con un "yo", al que luego conocemos y experimentamos cada vez más, hasta el punto en que llegamos a la conclusión de que es el único "yo" posible... lo cual, naturalmente, es un error.
   Lo gracioso es que la vida misma resulta prueba suficiente de esta falacia, ¿o acaso no hemos venido cambiando de forma permanente? ¿de verdad alguien podría decir que es la misma persona que era hace una década, o el mismo año pasado?...
   Si prestamos atención a esto, a lo mejor la buena noticia es que podemos descubrir de un solo vistazo hasta qué punto somos en verdad flexibles y mutables. Y es buena noticia porque si sucede que fuimos cambiando casi al azar (pero cambiando, a fin de cuentas), bien podemos explorar la posibilidad de convertirnos en nuestros propios alfareros y seguir cambiando... pero esta vez siguiendo un diseño que nosotros mismos hayamos elegido...

MIRAR EL FUTURO

   Mirar hacia el futuro puede ser una experiencia incomparable algunas veces. Imagino que no es algo muy distinto a lo que debe sentir un pintor ante una tela en blanco, o un escritor cuando acomoda la primer página vacía de su nueva obra. Dudo que ningún artista haga eso sin la secreta esperanza de que ésta sea su obra maestra... todo está por hacerse... todo puede suceder.
   Cuando alguno de ellos comenta su experiencia creativa, generalmente refiere cómo durante el proceso, diversas circunstancias hacen que la idea original vaya cambiando y adquiriendo otros matices, y que se establece todo un diálogo entre el autor y la obra. Los escritores, incluso, hablan de personajes que acaban por comportarse de una manera bien distinta a la que habían imaginado en un principio y muestran su propia personalidad...
   No es algo muy diferente a lo que sucede en la vida misma.
   Sin dudas, eso ha de hacer que un artista sepa siempre que se enfrenta a lo inesperado, aún cuando las desiciones con respecto a una trama, un argumento o un diseño plástico se tomen de manera completamente individual.
   Desde luego, en la vida no tenemos tanto dominio sobre los personajes que interactúan con nosotros, o sobre las circunstancias que nos rodean... y sin embargo, a pesar de todo eso, logramos proyectar y alcanzar metas, y en algunas casos, de una manera bien efectiva.
   Creo que la cosa pasa por saber reconocer quién es el autor y quién el personaje. Quiero decir, que muchas veces nos descubrimos protagonizando una novela que no es la nuestra, completamente resignados a seguir las desiciones y expectativas de alguien más, que en realidad es el protagonista principal, o incluso el mismo autor... Pasa eso, por ejemplo, cuando colgamos todas nuestras espectativas en la posibilidad de que "esa" persona nos ame de la misma manera que lo hacemos nosotros; o que actúe y sea como quisiéramos, en lugar de aceptarla simplemente tal y como es...
   Nos hacemos personajes secundarios cuando ponemos como condición de nuestra felicidad que ocurra un suceso determinado, que consigamos aquél trabajo, que compremos nuestra propia casa, que me reciba de lo que sea... y tras esas ansiedades nos perdemos por completo el momento actual y nuestra condición de protagonistas principales... En todos esos casos, hemos estado dándole el poder sobre nuestra historia a alguien (e incluso algo) diferente de nosotros mismos...
  






No hay comentarios:

Publicar un comentario