Básicamente, el Loco simboliza la experiencia de lo caótico e irracional. Es el elemento a veces imprevisto que rompe la continuidad de un estado de cosas para sacarnos bruscamente de nuestros espacios de comodidad. Cabe acotar, sin embargo, que cuando hablamos de "caos" nos estamos refiriendo, en realidad, a algo que no podemos explicar desde nuestra perspectiva; que parece salirse de cualquier interpretación racional o lógica; pero ésto no significa que el caos sea improlijo o impropio en sí mismo. Todo es exactamente como debe ser. Caracterizarlo de una manera o de otra corresponde a nuestra percepción de la realidad, y no a la realidad en sí misma.
También representa a la fuerza impulsora original, que da comienzo a todas las cosas; el "big-bang" de tonde surge todo lo que es y todo aquello que sucede.
También representa a la fuerza impulsora original, que da comienzo a todas las cosas; el "big-bang" de tonde surge todo lo que es y todo aquello que sucede.
Si bien es cierto que la figura siempre hablará de algún tipo de conflicto, también es verdad que sin la presencia del conflicto no habría ninguna historia posible: simplemente nada sucedería. Cada narración, después de describir una situación general y presentar a los personajes, comienza realmente a partir de un momento que podríamos sintetizar con la fórmula "sucedió que..."; y ese "sucedió que" es, precisamente, el Loco.
Estamos tan limitados cuando se trata de dominar a nuestro entorno, e incluso a nosotros mismos, en ciertos aspectos, que el arquetípo ma<s lógico para representar esta situación tenía que estar asociado con la locura. Es por eso que a nuestro pobre Arcano Cero le achacamos la responsabilidad de ser el portador de informaciones asociadas con mensajes de impotencia, duda, incomodidad, riesgo y, en general, situaciones poco agradables y antipáticas. Sin embargo, en un acto de extricta justicia, debemos declararlo inocente de todos esos cargos. La lista completa de ellos corresponde a nuestras propias reacciones emocionales ante las condiciones del entorno, y no son para nada responsabilidad del Loco... se trata de nuestros límites, no de los suyos.
El Universo es una entidad dinámica, cambiante, mutable. Todo en él es acción y movimiento. Incluso cuando algo se nos aparece como inmutable o eterno, sencillamente nos hemos topado con un ritmo de mutación diferente, que es tan lento para lo que pueden apreciar nuestros sentidos que parece estarse quieto... pero podemos tener la completa seguridad de que está cambiando y transformándose.
Mientras más rígidas sean nuestras estructuras y mayor nuestra necesidad de aferrarnos a situaciones y/o personas, tales y como las hemos conocido, mayor será nuestra dificultad para adaptarnos a los cambios... y, por supuesto, más amenazante y antipática nos resultará la figura del Loco.
Todas las mitologías conocidas contienen uno o varios personajes que simbolizan esta ídea. En algunos casos están más desarrollados, o mejor caracterizados, en otros se trata de entidades más o menos abstractas, pero siempre están presentes. Las diferentes maneras que han tenido los pueblos de entender al Cosmos se reflejan también en su forma de describirlos, y así nos encontramos con toda una gama que va desde los duendecillos traviesos, que en realidad no tienen malas intenciones, sino el puro deseo de divertirse; pero que no son morales (no podrían serlo, porque esta condición es privativa de la humanidad), y por lo tanto son perfectamente capaces de gastar las bromas más crueles y de peor gusto; hasta el otro extremo del espectro, donde podemos hallar personajes que son fruto de formas de pensamiento sumamente rígidas, dogmáticas y duras, como es el caso, por ejemplo, del demonio de la mitología judeocristiana, que representa la suma de toda maldad y engaño (lo que lo convierte, a mi juicio, en una figura bastante poco eficaz, porque la exageración de sus características pierde de vista la riqueza de matices que presenta el Loco, como símbolo de nuestros impulsos básicos).
Personalmente, me encantan los duendes. Pueden ser sumamente traviesos y hasta crueles, y sin embargo nos resultan más bien simpáticos. Por otro lado, pertenecen a la Naturaleza misma, a diferencia de entidades como Dios o el diablo, que están en una especie de limbo inaccesible y ajeno a la experiencia humana. El duende habita nuestros propios espacios, están en la cocina, el comedor, los jardines y los bosques. Hasta existen fórmulas de hechicería o pequeñas astucias que introducen la idea de que es posible "negociar" con ellos, llegar a un acuerdo, dominarlos o incluso quitárnoslos de encima.
La noción de Naturaleza y Cosmos nunca debería incluir la idea de formas de maldad y destrucción puras, porque el Universo en ningún caso es un espacio hostil. Todo lo contrario: se trata de nuestro hogar y el lugar que nos sustenta y nutre. Es Padre y Madre y Dador Abundante. Si a veces nos vemos afectados más allá de lo razonable por algún acontecimiento catastrófico, ello no significa que el rayo de Zeus haya caído de manera directa y vengativa sobre nuestras cabezas, sino simplemente que pertenecemos a un Todo que nos contiene, pero es infinitamente mayor a nosotros mismos, y nos vimos envueltos en un movimiento que nos arrastró consigo.
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